¡Gracias por estar aquí!

Luzsana es un proyecto nacido del amor y la conciencia para proponerte las diferentes herramientas que voy conociendo y aplicando en mi vida y que pueden ayudarte también a conectar con tu Ser.
A través del trabajo mental (meditación, atención plena, relajación, imaginación activa), físico (yoga, respiración), energético y espiritual (Reiki, Magnified healing®, Registros Akáshicos, Técnicas Arcturianas) puedes desidentificarte progresivamente de tu drama interno y reconectarte con las dimensiones más elevadas de tu Ser. Te invito a que tomes esta vía.
Siente la plenitud en ti.

Mostrando entradas con la etiqueta Psicoterapia transpersonal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Psicoterapia transpersonal. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de junio de 2013

Profundidad - Capítulo del libro La Danza del Vacío de Adyashanti

Este texto corresponde al capítulo del libro La Danza del Vacío de Adyashanti. Un libro, que como todos los suyos, recomiendo por su enorme poder inspirador. Adyashanti tiene un cometido: Ayudarnos a despertar. En cada uno de sus libros, nos remueve hasta lo más hondo, para que nos animemos a tomar esa decisión que tanto está anhelando nuestro Ser: Despertar de este sueño profundo de ilusión e irrealidad. Total, si no hay sino esto que soy, ¿porqué seguir empeñándome en confundirme con esta personalidad que he creado? Aquí va pues, el texto: 


Profundidad

Nos podemos acercar a la espiritualidad de dos formas. La primera y más común, a través de un movimiento mental horizontal. Un movimiento horizontal significa que la mente se mueve hacia delante y atrás recopilando información. Es como si la mente llegase a una pared totalmente cubierta de escritos. Esta pared contendría todo tipo de enseñanzas, de prácticas, de obligaciones y prohibiciones. En general, la mente sólo realiza un movimiento horizontal por la pared, adquiriendo y acumulando cada vez más información, Se mueve a derecha e izquierda recopilando información, creencias, teorías etc. ¿Has conocido alguna vez a alguien que tuviera una mente así? Estas personas llega hasta los límites más lejanos de la pared: su mente se mueve horizontalmente recopilando información. Casi todo el mundo realiza este movimiento horizontal de recopilación de información, ideas, creencias, etc., esperando que pueda servirles a nivel espiritual. Pero la Verdad no tiene nada que ver con el conocimiento, sino con el despertar.

A nivel emocional hacemos lo mismo. Nos movemos por la pared horizontalmente, recopilando experiencias. Tenemos experiencias mundanas básicas, buenas y malas, y según avanzamos hacia la espiritualidad empezamos a tener experiencias espirituales. Al igual que con la mente, nos ponemos a pensar: <>. Lo que conseguiremos serán más experiencias, lo mismo que sólo conseguimos más conocimiento cuando la mente realiza movimientos horizontales: no conseguiremos ni libertad, ni Verdad.

Así que la mente, el cuerpo y las emociones participan en este juego llamado acumulación. Evalúan una pieza de conocimiento conceptual en relación a otra. <<¿Cómo se compara esto?>> Nos encanta comparar nuestras experiencias con las de los demás. <<¿Qué has experimentado tú? Vaya, yo no he experimentado eso sino esto, ¿lo has experimentado tú también?>> <>
Entonces el cuerpo emocional se pregunta: <<¿Es esto?, ¿es ésta la experiencia correcta? ¿Estoy teniendo la experiencia? ¿Por qué no tengo la experiencia?>>, El cuerpo-mente recopila más deberes, más técnicas, más de esto, más de lo otro.

La mente y el cuerpo tienden a seguir viejos patrones, realizando movimientos horizontales, recopilando hechos, enseñanzas, maestros, creencias y experiencias. Casi todo el mundo vive así: horizontalmente, en vez de verticalmente. Después incorporan ese movimiento a su vida espiritual. Pero la acumulación horizontal de conocimientos y experiencias es irrelevante: más información no equivale a mayor profundidad. 

Ahora, en este preciso momento, podrías darte cuenta de que no vas a conseguir nada de mis palabras; ninguno de los conocimientos absorbidos y acumulados por tu mente te conducirá a una profundidad mayor. Ninguno. Cero. Nada. Sólo conseguirás más movimiento horizontal. Sólo obtendrás más conocimiento. Tal vez quieras eso, tal vez no. Pero en  cuanto te des cuenta de las limitaciones de la mente, ésta se disolverá, pues tendrá que hacer muchas menos cosas. 

Cuando sobrepases la pared del conocimiento encontrarás una invitación a un estado trascendente que supera los límites de la mente; no es ningún estado regresivo previo al funcionamiento de la mente. La espiritualidad consiste en eso. En ir más allá de los límites de la mente.
 
Imagina que estás frente a una pared. Casualmente tiene una puerta. La abres y atraviesas la pared. Si quieres conseguir mayor profundidad, tendrás que renunciar a la pared que has dejado atrás. Si retrocedes, te agarras a la pared con una mano e intentas caminar con los pies, no llegarás muy lejos. Si quieres conseguir verdadera profundidad, profundidad trascendental, tendrás que tomar la decisión de relajar la mente. La mente dice: <>. Empezará a hacerse un montón de preguntas. <<¿Esto es seguro? ¿Es sabio? ¿Voy a hacer alguna estupidez?>> Como si toda la sabiduría estuviese contenida en nuestra colección de conocimientos. Normalmente la gente se siente muy segura a nivel mental y psicológico cuando atraviesa del todo su acumulación de conocimientos.

La mente no es capaz de comprender que puede haber una inteligencia verdadera, una inteligencia trascendente, que no resulte del pensamiento ni de la comprensión conceptual. No comprende que la sabiduría puede no aparecer en forma de pensamientos, de conocimientos adquiridos y acumulados.
La urgencia o el anhelo verdaderamente espiritual suele ser una invitación a ir más allá de la mente. De ahí que se haya dicho siempre que para llegar a Dios hay que ir desnudo. Es igual para todo el mundo. O entras libre de conocimientos acumulados o no podrás entrar nunca. Por tanto, una mente inteligente comprende sus propias limitaciones y, entonces, eso es algo hermoso.

Cuando dejas de aferrarte a todo el conocimiento empiezas a entrar en otro estado del ser. Comienzas a moverte en otra dimensión. En esa dimensión la experiencia interna se aquieta mucho. Aunque la mente siga parloteando en el fondo, ya no molestará a la conciencia. No tendrás la necesidad de detenerla. Tu atención atraviesa esa pared de conocimiento y pasa a un estado muy tranquilo.

En esta tranquilidad te darás cuenta de que no sabes nada, pues no estarás buscando en la mente el conocimiento adquirido. Esta tranquilidad es un misterio para la mente. Es algo desconocido. Cuando aumentes la profundidad entrarás, literalmente, en una experiencia más profunda de lo que parece un gran misterio. Es posible que la mente quiera entrar, pretenda saber lo que está ocurriendo y se ponga a definirlo todo, pero así no obtendrás mayor profundidad. El misterio seguirá desvelándose si se lo permites: si dejas de controlar.

Cuando dejas atrás el conocimiento adquirido, te das cuenta de que te quedas sin tu sensación habitual del yo. Ese yo existía únicamente en la acumulación de conocimientos y experiencias. Cuando dejas todo atrás ocurre algo muy interesante porque, literalmente, te desprendes de tus recuerdos. Dejas atrás lo que creías ser, las cosas en las que creías, la idea que tenías de tus padres y de todas las otras cosas que pensabas. El ayer desaparece. Entonces comienzas a notar algo muy interesante: eres capaz de dejar atrás todo eso y, sin embargo, sigues siendo, estás aquí mismo en este momento. De este modo, lo que eres adquiere aún más misterio.

Cuando te das cuenta de que puedes abandonar cualquier definición de ti mismo y sigues siendo, empiezas a ver que estos pensamientos tal vez no sean lo que tú eres. Es decir, ¿quién eres cuando no te estás pensando a ti mismo en la existencia? ¿Quién eres cuando abandonas todos los pensamientos, incluso los que se supone que no debes cuestionar, como: <>? Empiezas a ver que cuando no te piensas a ti mismo en la existencia, lo que crees ser deja de estar ahí, literalmente. Si este <> puede desaparecer de esa forma para volver a existir tan pronto como quieras, ¿es real?

En ese momento de comprensión habrás empezado a ir más allá de la pared de conocimientos acumulados. Después, si no redefines este momento ni lo empaquetas en ningún concepto, volviendo a pensarte en la existencia, tu verdadero estado empezará a hacerse presente. El verdadero Yo soy está increíblemente vacío. Está libre de todo lo que creías ser. No tiene límites. No tiene definiciones. Ninguna definición podría valer para definir lo que eres. Lo único que queda es conciencia, y ni siquiera, pues eso no es más que una palabra. 

Cuando veas lo que en verdad eres, no podrás aplicarle ningún concepto nunca más. Estarás tan vacío que sólo habrá conciencia. No existirá ningún niño interior ni ningún adulto. Ninguna de tus identidades existirá a no ser que tú pienses que existe. La conciencia podrá seguir mirando y viendo que el cuerpo existe, pero eso no le generará problemas a nadie. El problema es lo que añades después en la mente. 

Este vacío te permitirá empezar a degustar la experiencia del ser. El ser antes de que fuera algo o alguien. Y este milagro del ser es lo que está vivo y despierto, Es lo único que no necesita de la mente para existir. Para ser esta conciencia no necesitas pensar nada. Todo lo que hay en ti cambia, excepto esta conciencia. El cuerpo cambia. La mente cambia. Los pensamientos cambian, y mucho más rápido de lo que nos gustaría. La cantidad de conocimiento adquirido no importa, pues ese conocimiento no te traerá aquí más rápido. El ser es la única constante, aquello que siempre está despierto. 

Pero si vuelves al conocimiento acumulado de la mente encontrarás todo tipo de opiniones sobre cómo debería ser tu verdadera naturaleza, pues habrás leído mucho al respecto y habrás escuchado a muchos maestros espirituales; además, existe toda una mitología mística en torno a la Verdad. Cuando te das cuenta de que no es así, te llevas una sorpresa. Independientemente de lo que creas ser, no eres eso. Aunque tu concepto sea muy espiritual y místico, tú no eres ese concepto.

Cuando te deshaces del conocimiento acumulado, la identidad puede pasar del yo al no-yo. Cuando esto ocurre le damos el nombre de despertar espiritual. Pero esto no significa que no puedas utilizar tu conocimiento. El conocimiento sigue ahí para cuando lo necesites. Podrás volver a sumergirte en él cuando quieras usar el ordenador y para otras muchas cosas útiles. No perderás nada, excepto tu identidad falsa. No te convertirás en un idiota. No olvidarás cómo se atan los zapatos por haber comprendido que no eres quien creías ser. Pero a la mente le asusta esto. La mayor barrera para la realización son tus pensamientos al respecto porque los pensamientos crean imágenes del estado iluminado y esas imágenes sólo forman parte del conocimiento acumulado. Independientemente de qué imagen tengas de tu Ser verdadero, esa imagen no será la Verdad. Cuando puedas ver esto, experimentarás lo que está aquí mismo con facilidad. Simplemente lo que está aquí mismo: la conciencia eterna, el espíritu puro. 

Cuando comprendas esto en profundidad, no con la mente ni con la deducción lógica, sino a través de una iluminación directa, todo lo demás se volverá muy sencillo. Al poner el mundo del conocimiento conceptual en su sitio, lo trasciendes. Te das cuenta de que eres conciencia eterna bajo la forma de un hombre o de una mujer, de este personaje o de aquél.  Pero como todo buen actor, sabes que no eres quien pareces ser. Lo único que existe es la conciencia, Dios, el Ser o el espíritu que se revela a sí mismo. El Buda lo llamó no ser. Cuando lo veas, verás la Unidad. Sólo existe Dios. Es todo lo que hay: Dios bajo la forma de superficie, de ser humano, o de silla. 

Ningún conocimiento roza lo eterno, lo que en verdad eres, ninguna afirmación de la Verdad. Ninguna afirmación sobre cómo llegar ahí es cierta, porque lo que sirve para una persona tal vez no le sirva a otra. Una mente que quiera encontrar el único camino verdadero no podrá descubrirlo. Evidentemente, a la mente no le gusta eso. <<¿Acaso no existe ningún camino verdadero? ¿no podríamos decir nada ni leer nada que al final fuese cierto? ¿Es que ni siquiera el ser más iluminado puede hablar de la Verdad?>>

No. Nunca se ha hecho y nunca se hará. Lo único que puedes hacer es poner un indicador en la pared que diga <>. Una falsa flecha espiritual señalaría el camino y diría <aquí>>.
Una flecha auténtica te llevaría más allá de la pared de conceptos.

Los indicadores serán más o menos ciertos, pero independientemente de lo que digan, independientemente de cómo indiquen el camino, no dirán nada sobre lo que está más allá. Nada.  Porque en cuanto estás más allá, en cuanto eres lo que eres, no sirve nada más. Por eso muchos grandes maestros espirituales han dicho que no hay que saber nada. Para liberarse, para iluminarse, no hay que saber absolutamente nada y mientras sepas algo no estarás iluminado. En cuanto sepas rotundamente que no sabes nada y que no hay nada que saber, ese estado recibirá el nombre de iluminación, pues el ser es lo único que existe. Cuando hay unicidad, ¿de quién hay que saber algo? El Uno sólo sabe: <>. Éste es un conocimiento realmente despierto. Cualquier otro conocimiento es secundario. 

El conocimiento que se usa para un medio concreto o para un propósito concreto es estrictamente utilitario. Cuando empiezas a verlo, dejarás de buscar la Verdad en lo que sabes. A cambio, buscarás la Verdad en lo que eres, porque cuando descubres lo que eres, también descubres lo que es todo lo demás. Todo es el Uno. Te das cuenta de que no hay nada que saber y tu centro de atención se desplaza desde el pensamiento hacia el ser.

La sabiduría trascendental ha entrado en la mente de todo el mundo. Cuando te devanas lo sesos con un problema durante mucho tiempo y luego dejas de luchar, por alguna razón, y de pronto obtienes el <<¡ajá, eso es!>>, ¿dónde surge esto? La sabiduría se ha abierto camino. Podría tratarse de algo muy pequeño, cotidiano. Aunque se registre en la mente como un <<¡ajá!>>, no es un producto del pensamiento. Procede de otro lugar, del ser. Así que el ser posee una gran sabiduría. Nos llevamos una sorpresa, pues no estamos acostumbrados a funcionar desde esa sabiduría que, aparentemente, surge de vez en cuando. Pero en realidad tu ser funciona así todo el tiempo. 

Hay muchas cosas que son relativamente ciertas, pero nada procedente de la mente será verdad del todo. Cuando dejas de luchar, la mente experimenta un gran alivio y toda tu orientación, en términos espirituales, se desplaza del saber al ser.


martes, 14 de agosto de 2012

22 Y 23 DE SEPTIEMBRE: FIN DE SEMANA DEL PROPÓSITO DE NUESTRAS VIDAS, EN EL MAS DE NOGUERA, CAUDIEL.




A lo largo de nuestras vidas, y especialmente en los tiempos que corren nos resulta más difícil llevar a cabo esos propósitos, probablemente nos estemos planteando con más frecuencia qué sentido tiene todo lo que está aconteciendo, tanto a nivel planetario como personal...y yendo más allá, probablemente nos hayamos preguntado por el 'sentido de nuestra existencia'.

El año pasado disfrutamos de un seminario que nos acercó a nuestra historia vital y facilitó algunas claves para conectar con nuestro propósito de vida. Pues bien, en esta ocasión, tenemos el placer y la ilusión de invitaros a este nuevo encuentro que estamos preparando. No se trata de una segunda edición, sino más bien de una segunda parte que ampliará y profundizará en los conocimientos más relevantes de la primera.

En este nuevo seminario sobre  el Propósito de nuestra vida, practicaremos yoga y meditación, disfrutaremos de la compañía, del silencio, de la alimentación sana, de la naturaleza y trataremos de conocer y entender un poco más sobre nosotr@s mismos y sobre nuestro 'propósito vital', a través de 3 talleres (teórico- prácticos), en los que:

  • Recordaremos la importancia de nuestra historia vital: Nos acercaremos a las creencias autolimitantes que nos hemos creado para protegernos, con el fin de entender nuestras vivencias, asumir la responsabilidad de nuestra realidad, comprender y reconciliarnos con nuestras elecciones y con los seres que nos han acompañado, descubrir y asumir nuestra aportación en esta vida y deshacernos de lo que nos impide avanzar.
  • Profundizaremos en el encuentro con nuestro 'propósito vital', conectando con nuestro corazón y con el sentido de nuestra existencia.
  • Ampliaremos ese sentido existencial, unificándolo con la Creación, el Universo, la Conciencia, fortaleciendo el vínculo entre 'nuestro pequeño espíritu' y el 'Gran Espíritu' y sintonizando con nuestra frecuencia más elevada.
 El encuentro tendrá lugar en el Mas de Noguera (Caudiel), el fin de semana del 22 y 23 de Septiembre del 2012, (desde aprox. las 09h00 del sábado hasta aprox. las 18h30 del domingo). 

No dudéis en contactarnos para cualquier aclaración y si queréis, podéis también difundir la información a quien creáis que pueda interesarle.


martes, 13 de diciembre de 2011

Al otro lado del espejo...



...Descubre lo que esconde tu historia: claves para conectar con tu propósito de vida

Independientemente de lo desconectados, aislados o profundamente solos que nos sintamos, tan sólo estamos encubriendo nuestra única realidad: somos seres espirituales viviendo una experiencia humana; cualquiera que ésta sea, cualquiera que hayamos elegido experimentar. A través de este seminario recordaremos algunos conceptos y reconoceremos algunas técnicas para elevar nuestra frecuencia vibratoria, conectando así con esa voz interior que nos sugiere el camino más indicado para Ser aquí y ahora.


Estas Claves para conectar con nuestro propósito vital han surgido de nuestro proceso personal (el de Karuna y el mío). Como la mayoría de personas, nosotras también nos hemos visto inmersas en nuestra película vital, contándonos una y otra vez una historia que lejos de hacernos felices, nos justificaba porqué teníamos que vivir nuestras vidas de forma limitada, carente y desconectada. 
Hemos experimentado (y  seguimos experimentando) cómo nuestras percepciones de la realidad nos llevan una y otra vez a cantarnos esa canción que tanto nos incomoda, pero que también sentimos tan familiar. 
También hemos experimentado (e intentamos vivir cada vez más en él) un estado en el que volvemos a recuperar la certeza de sabernos íntimamente conectadas con el Todo. En ese estado de conexión sentimos con fuerza la energía amorosa, armónica y equilibrada del Universo. Ese estado nos recuerda que sea lo que sea que hayamos vivido, lo hemos elegido para nuestra experiencia espiritual, por lo tanto somos responsables de todas nuestras experiencias vitales. Y esto, lejos de atemorizarnos nos llena de gratitud hacia nosotros, hacia los seres que han participado en cada vivencia y hacia el Universo. Recordamos entonces que nuestro verdadero propósito vital es compartirnos con todos y darnos, aprovechando todo lo que hemos aprendido a lo largo de nuestra historia, para ponerla al servicio del Todo.

11 y 12 de febrero de 2012 en el Mas de Noguera

Aportación: 180 €. Todo incluido: talleres, alojamiento y comidas

Fecha límite de inscripción: 25 Enero 2012. Plazas limitadas

Si estás interesad@ en conocer más a fondo la experiencia o deseas inscribirte, puedes ponerte en contacto con nosotras en : 

Luz Victoria Arango: toyaran@gmail.com; 687797017

Karuna Devi: myriam_cedi@yahoo.com; 616972661




jueves, 13 de enero de 2011

Contra depresión: Atención Plena


 “La atención plena es la consciencia que emerge al prestar atención a las cosas tal y como son de forma deliberada, en el momento presente y sin juzgar.”[1]

Esta es la definición de aquello que popularmente se está dando a conocer con su nombre en inglés: Mindfulness. En el contexto terapéutico esta práctica constituye un reaprendizaje del modelo de pensamiento por el que solemos pensar. Es pasar del modo de pensamiento orientado a la acción al modo de pensamiento orientado al ser. 

Cómo opera nuestra mente ante los estados de ánimo de infelicidad.
Se ha comprobado que una persona que ha sufrido una depresión tiene el 80% de posibilidades de volver a sufrir una nueva crisis. Y es que la depresión crea un vínculo en el cerebro entre el estado de ánimo triste y los pensamientos negativos, de modo incluso que cualquier emoción interpretada como desagradable puede conectar con pensamientos negativos que pueden embarcar a la persona en una nueva crisis depresiva.
En los años 70 se descubrió que lo que realmente afecta al estado de ánimo son los pensamientos más que lo acontecimientos en sí.  Son nuestras creencias o interpretaciones sobre los acontecimientos los que determinan nuestra percepción de los mismos.[2]

Los autores del libro “Vencer la depresión” establecen que en un estado depresivo se afectan y retroalimentan los sentimientos, las sensaciones corporales y el comportamiento.


Sentimientos:
Nuestras emociones dependen de las historias que nos contamos a nosotros mismos, del continuo comentario mental que interpreta los datos que recibimos del entorno.
El esquema sería el siguiente: frente a una situación (A) hacemos una interpretación (B) que nos genera una reacción emocional, corporal y comportamental (C).
A--------------b---------------- C

Solemos detectar A y C, pero no somos conscientes de B. Pensamos que la situación es la desencadenante de nuestra reacción, cuando es nuestra interpretación de la situación la que desencadena nuestra reacción.
Dese este enfoque, la infelicidad no es el problema, forma parte de la experiencia vital. Son las visiones duras y negativas sobre nosotros mismos, que pueden ser activadas por estados de ánimo de infelicidad, lo que nos atrapa. Una vez se han activado, estas visiones afectan a nuestro cuerpo y a nuestro comportamiento y estos a su vez retroalimentan a estas visiones, entrando así en el círculo que nos deprime.


Cuerpo:
El estado de ánimo depresivo y los pensamientos negativos mantienen al cuerpo en un estado de alerta constante. Sabemos que para nuestro cerebro no hay diferencia entre lo que es real y lo que es producto de nuestro pensamiento. Y al encontrarse en una situación desagradable, se prepara para la huida, la sumisión o para la acción. Sin embargo como organismos, no estamos preparados para permanecer mucho tiempo ante una situación de alerta, ante una descarga constante de adrenalina y noradrenalina (las hormonas que nos propulsan a la acción), ante un tipo de respiración corta, ante la contractura muscular y la pérdida de riego sanguíneo hacia zonas de nuestro cuerpo como nuestro tracto digestivo, el hígado o el páncreas. Por esta razón, el 80% de las personas que padecen una depresión acuden al médico por dolores corporales que no pueden entenderse y/o por episodios de cansancio crónico.[3]
Nuestro cuerpo está sometido a una gran tensión, pero nosotros no estamos entrenados para escuchar nuestras sensaciones físicas, solo podemos reaccionar con relativa facilidad ante estímulos como el dolor, es decir cuando ya nuestro cuerpo se ha visto afectado por el estado de tensión.


El comportamiento:
Hemos aprendido a superar nuestras crisis y a no manifestar nuestros estados de ánimo displacenteros, pues consideramos que son un síntoma de debilidad. Pensamos que los demás van a pensar mal de nosotros si saben que estamos deprimidos, por lo que asumimos que las dificultades que padecemos debemos asumirlas nosotros mismos. La depresión hace que nos comportemos de un modo distinto y estos comportamientos alimentan a su vez la sensación de depresión. Es normal que cuando estamos en este estado nos aislemos de las personas que frecuentamos, nos alejemos de las actividades que nos gratifican y nos concentramos cada vez más en aquello que consideramos que merece nuestra atención: ¿Cómo superar esta crisis si soy tan…?... O si estoy tan… O si el mundo es tan… Y nos encontramos aislados y sin aquello que justamente nos mantiene conectados con la posibilidad de sentirnos mejor: una red social y una serie de actividades que nos gratifiquen.

El papel de la emoción.
Existen cinco emociones básicas que compartimos con buena parte de los mamíferos:
  • La felicidad: cuando sentimos nuestras necesidades cubiertas.
  • El miedo: alerta ante un peligro.
  • El asco: cuando algo nos resulta muy desagradable.
  • El enfado: cuando algo se interpone entre nosotros y aquello que queremos.
  • La tristeza: cuando hemos perdido algo querido.
Estas emociones evolucionaron para ser temporales. Se mantienen mientras persista aquello que produce la alarma y luego desaparecen para continuar en un estado de homeostasis. Para los seres que poseen este sistema de alerta es indispensable su condición de temporalidad, pues de esta manera pueden ser efectivas ante una nueva alerta.
En la depresión las emociones que la desencadenaron continúan porque se retroalimentan entre sí. Ya no hay una vinculación directa con una situación exterior sino que emociones reaccionan ante las emociones.
Cuando entramos en un estado de ánimo infeliz este estado se convierte en un contexto que trae consigo todo un cúmulo de recuerdos emocionales propios de experiencias anteriores, sobre todos aquellos de aquella vez que experimentamos un estado similar. El problema es que no somos conscientes de que estas emociones forman parte de un recuerdo del pasado. Reaccionamos ante una experiencia del presente con una batería de recuerdos emocionales que forman parte de una experiencia pasada.
No podemos cambiar el hecho de que los recuerdos del pasado y las formas de pensar autocríticas y juicios de valor se activen cuando nos sentimos infelices. Ocurre de forma automática como un recurso nemotécnico de nuestra mente, relacionado con al aprendizaje. Pero sí podemos cambiar lo que ocurre a continuación de su aparición en nuestro acerbo mental. Podemos aprender a relacionarnos de otra forma con nuestros sentimientos de infelicidad. Para esto debemos comprender primero cómo nos enredamos. Necesitamos tomar conciencia del patrón de pensamiento que se activa en las situaciones que nos hacen daño.

El modo de pensamiento orientado a la acción

Hemos aprendido a pensar de tal manera que nuestra mente busca encontrar una solución a aquello que nos planteamos como dilema. Puede ser la construcción de un puente, la creación de una vacuna, la preparación de la comida, el arreglo de una avería en la tubería, o el salir de una sensación de malestar. En todos estos casos la mente evalúa cuál es la brecha que existe entre la situación actual y aquella que quiero alcanzar y arroja una serie de resultados a manera de pasos resolutivos. Si quiero preparar una paella, mi mente primero evalúa en qué estado se encuentra actualmente dicha acción. Determina entonces qué ingredientes debo conseguir, qué elementos necesito para cocinar, qué cantidad de tiempo debo invertir en la preparación, qué capacidad tengo para preparar el plato, a quién debo recurrir en caso de necesitar consejo, qué orden debo tener para realizar la paella, qué sabor va adquiriendo, si alcanza o no aquel sabor que quiero darle y finalmente me muestra cuando está finalizada. Entonces determinaré si he cumplido con mi objetivo o si por el contrario he cometido algún fallo y recopilaré una serie de “lecciones” sobre lo aprendido.
Cuando nos sentimos infelices la mente suele tomar el mismo patrón de pensamiento, en un intento por ayudarnos a salir de la situación desagradable en la que nos encontramos. La base de esta intervención mental dispuesta a solucionarnos el problema es que no nos gustan las sensaciones desagradables e intentamos evitarlas. Nos preguntamos entonces ¿qué es lo que ha ido mal? e intentamos solucionarlo con una batería de preguntas que lejos de ayudarnos nos sumergen aún más en nuestra sensación de malestar. ¿Por qué me siento mal cuando debería sentirme bien? ¿Por qué no soy capaz de sentirme mejor? ¿por qué el mundo es tan injusto conmigo? ¿Por qué no puedo poner un fin a esta situación? ¿por qué seré tan…? ¿qué he hecho yo para merecerme esto?... La lista de preguntas la podemos conocer nosotros.
Este tipo de preguntas nos constata una y otra vez que no estamos completos, que no somos lo suficientemente hábiles para resolver el problema y que la brecha entre el estado actual y el que quisiéramos alcanzar es cada vez mayor. Y la evidencia muestra que cuantas más veces una persona se haya setido deprimida en el pasado, más negativas, autopunitivas y autocompasivas serán las imágenes y la charla interna que emerge ante la situación actual.
El problema es que esos patrones mentales que nos dominaban en una situación pasada vuelven a emerger ahora. Dichos patrones nos resultan familiares, los reconocemos como nuestros, pero en vez de reconocerlos como una vieja pauta mental, su familiaridad nos resulta una evidencia de verdad. No podemos soltarnos porque el modo de pensamiento orientado a la acción insite en que nuestra prioridad es dar una solución a nuestra situación y mantenemos un sempiterno diálogo interno en el que recreamos una y otra vez las preguntas que ahondan ese estado de malestar. A este estado mental los psicólogos lo llaman rumiación. Es un estado de preocupación permanente por el hecho de nuestro malestar, sus causas, consecuencias, significado, por qués, intervención de otros…
Rumeamos mentalmente porque creemos que así es como podemos solucionar el problema, pero la rumiación inevitablemente se vuelve contra nosotros. No hace más que exacerbar nuestra infelicidad. Constituye un intento heróico por resolver un problema que en realidad no se puede resolver. La rumiación nos aleja de la realidad que vivimos y nos mantiene atrapados en el pasado y sus posibles salidas o en el futuro y sus posibles consecuencias. Dejamos inexorablemente de estar atentos a lo que vivimos y nos enfrentamos al problema añadido de invertir una enorme cantidad de recursos para sobrevivir al presente sin salir maltrechos de nuestras reacciones desde la certeza de lo mal que estamos. La rumiación nos aleja de nuestro cuerpo que se convierte también en un problema añadido porque se encuentra cansado, anquilosado, bloqueado y enfermo. Ya no sentimos nuestro cuerpo, pensamos nuestro cuerpo. Éste no es más que aquello que nos moviliza y que respira por nosotros mientras permanecemos hipnotizados por la maléfica acción de nuestra película mental.
Existe una alternativa más efectiva para "capear" los estados de ánimo, los recuerdos y los patrones de pensamiento negativos en el momento presente, a medida que van surgiendo. La evolución nos ha heredado una alternativa a este pensamiento y la psicología occidental apenas empieza a descubrir el poder de transformación que tiene. Se trata del cultivo de la consciencia, aquello que la sabiduría oriental viene proponiendo desde hace siglos.

El modo de pensamiento orientado al ser.

En cierto modo tenemos alguna familiriadad con este modo de pensamiento, lo que ocurre es que el modo de pensamiento orientado a la acción lo ha eclipsado. Nosotros no solo pensamos en relación con algo. Experimentamos la realidad  a través de los sentidos. Somos capaces de captar de forma directa el mundo exterior y si nos lo permitimos, también nuestro mundo interior. Podemos ser conscientes de la realidad mientras la experimentamos. Conocemos las cosas no solo con la mente, sino con el corazón y los sentidos. Es más, podemos ser conscientes de nosotros mientras pensamos. El modo orientado al ser no es ni mejor ni peor que el orientado a la acción, simplemente es diferente y tiene capacidades distintas.

Cultivando este modo de pensamiento podemos:
  • Salir de nuestra mente y aprender a experimentar el mundo de forma directa, a través de la experiencia, sin el incesante comentario de nuestros pensamientos.
  • Ver nuestros pensamientos como acontecimientos mentales que vienen y van en la mente, como unves que surcan el cielo, en lugar de tomárnoslos de forma literal. Esto quiere decir que podemos contemplar la idea de lo poco valiosos, de lo poco dignos de amor y de lo inúteles que somos, y lo contemplaríamos sólo como lo que es, una idea, no algo que necesariamente es verdad. De esta forma es más fácil desestimarla.
  • Empezar a vivir el momento presente en el presente. Cuando dejamos de vivir en el pasado o de preocuparnos por el futuro, nos abrimos a fuentes de información de gran riqueza que nos hemos estado perdiendo.
  • Desconectar el piloto automático de nuestra cabeza. El hecho de ser más conscientes de nosotros a través de los sentidos, las emociones y nuestra mente, puede ayudarnos a encaminar nuestras acciones en la dirección que realmente queremos y a ser más eficaces a la hora de resolver problemas.
  • Eludir la cascada de acontecimientos mentales que nos arrastra a la depresión.
  • Dejar de intentar forzar la vida para que sea de una manera determinada por el mero hecho de que nos sentimos incómodos en el presente. Seremos capaces de ver que desar que las cosas sean distintas de lo que son en el presente es lo que hace que empiece la rumiación.[4]
ATENCIÓN PLENA
Repetimos entonces la definición que los autores dan al concepto:
La atención plena es la consciencia que emerge al prestar atención a las cosas tal y como son, de forma deliberada, en el momento presente y sin juzgar.
Esta definición es al tiempo la declaración de intenciones de la práctica del mindfulness:

  1. Es Intencional. Cultivar la atención plena nos permite ser más conscientes de la realidad presente y de las opciones que nos presenta, de manera que podemos actuar en consecuencia con esa realidad tal cual es. En cambio, la rumiación es un acto automático que cualquier situación que la desencadene. Equivale a la inconsciencia, a perderse en el pensamiento.
  2. La atención plena está centrada en la experiencia y consiste en experimentar de forma directa el momento presente.
  3. La atención plena no juzga. Su gran virtud es que nos brinda la posibilidad de ver las cosas como son, aquí y ahora, a diferencia del modo orientado a la acción que necesita juzgar y evaluar. Los juicios de cualquier tipo, indican que nosotros o nuestro entorno debemos responder a un estándar que se supone que debe cumplir la realidad. Como dicen los autores, “El hábito de juzgarnos a nosotros mismos con dureza se presenta disfrazado de un intento de ayudarnos a vivir mejor nuestras vidas y de ser mejores personas, pero en realidad acaba funcionando como un tirano irracional al que nunca conseguimos satisfacer”.[5]
La atención plena es una forma de dejar de preocuparnos por el hacer y empezar a centrarnos en el ser, con el fin de asimilar toda la información que una experiencia nos puede ofrecer antes de actuar. Dejamos de juzgar por unos instantes, dejamos de lado nuestros objetivos inmediatos para el futuro y damos la bienvenida al presente tal cual es, esto significa que aprendemos a abordar las situaciones con una mente abierta, adaptativa, en contacto con el entorno y con las emociones que ese entorno nos genera. No huimos de las sensaciones, porque aceptamos que aunque nos resultan displacenteras son pasajeras. No huimos de nuestros pensamientos tampoco, porque sabemos que están ahí y que también son pasajeros. Nos permitimos entonces ampliar nuestras dimensiones para conocer (aprehender, como dirían los psicólogos) el mundo. “Se trata de una cognición directa, implícita, intuitiva y no conceptual de lo que está ocurriendo a medida que va pasando; se trata de una cognición de lo que estamos haciendoa medida que lo vamos haciendo”[6]

Esto no significa que se dejemos de emplear el modo de pensamiento orientado a la acción. Es un pensamiento muy útil y nos permite proyectarnos y trazarnos un sendero vital. Lo que ocurre es que somos conscientes de que estamos empleando esta forma de pensar

De la misma forma que somos capaces de reconocer los pensamientos como lo que son, ideas pasajeras. Podemos aprender a observar nuestros pensamientos y sentimientos como experiencias que vienen y van en la mente. Podemos aceptar que un pensamiento sobre nuestra valía, por ejemplo, no es más real que la imagen de una silla imaginaria. Del mismo modo que la visión de una estrella fugaz es momentánea, los pensamientos que vienen a la cabeza son acontecimientos mentales que de forma natural surgen, permanecen un rato y finalmente se desvanecen por sí solos.

Este cambio de paradigma sobre la realidad de nuestros pensamientos nos libera de su dominio, porque cuando pensamos “nadie me quiere”, podemos saber que no es una evidencia que nos estamos contando, no tenemos que tomárnoslo como una realidad. “La realidad es que estas ideas son acontecimientos mentales semejantes a fenómenos climáticos que neustra mente está generando por el motivo que sea en ese momento concreto. Si podemos verlos y aceptarlos de esta forma al romar conciencia de ellos, puede que finalmente lleguemos a tener una cierta comprensión profunda de cuándo y cómo aparecen. Pero, mientras tanto, lo cierto es que no tenemos porqué tratarlos como a tiranos a los que debemos derrocar.”[7]

Cultivar la atención plena y entrenarnos en el modo de pensamiento orientado al ser no requiere objetivos. Este modo de pensamiento no se preocupa por la brecha existente entre cómo son las cosas y cómo deberían ser, por lo menos, en principio, no hay ninguna pretención. Sólo está la intención continua y constante de tomar más momentos para permitirnos una experiencia directa con la realidad. No hay, por lo tanto, éxito o fracaso en esta empresa, porque si nuestra mente divaga o se ve atrapada en la rumiasión, el sólo hecho de percatarnos de ese acto ya es un acto de consciencia. Ahora no necesitamos que las cosas sean de un modo específico, simplemente nos permitimos sentirlas y las aceptamos como son.
La intención de la práctica de la atención plena no es controlar la mente por la fuerza, sino percibir con claridad sus patrones saludables o perjudiciales. Consiste en aproximarnos a nuestra mente y a nuestro cuerpo con una actitud curiosa, abierte y llena de aceptación, con el fin de poder ver qué hay por descubrir en el presente y vivir con ello, sin experimentar tanta lucha.

La práctica de la atención plena tiene los siguientes anclajes:
1.    La intención: En el momento en que declaramos que decidimos vivir ese momento con atención plena, estamos decidiendo vivir la experiencia desde la declaración de intenciones propias del Mindfulness. Por lo tanto, abrimos nuestra mente a la percepción de la realidad tal cual es, la interna y la externa.
2.    La respiración: No intentamos modificarla, sencillamente observamos cómo respiramos naturalmente. Comenzamos a sentir el vaivén de nuestro abdomen y el movimiento de nuestro pecho. Sentimos cómo entra el aire por nuestras fosas nasales y cómo sale. Si nos perdemos en la rumiación, recordamos sin palabras nuestra intención y concentrándonos en sentir nuestra respiración, nuevamente volvemos a la técnica.
3.    El cuerpo: Somos conscientes deliberadamente de las múltiples sensaciones que hay en nuestro cuerpo, tanto internas como externas. Cuando la mente reacciona instintivamente ante las sensaciones físicas con ideas acerca del cuerpo, se crean condiciones para que empiece el proceso de rumiación. Percibir directamente el cuerpo sube el volumen a los mensajes corporales y baja el de la charla mental.


[1] Williams, Mark; Teasdale, John; Segal, Zindel; Kabat-Zinn, Jon: “Vencer la depresión”. Ed. Paidos. Madrid, 2010.
[2] Beck, A. T.: “Cognitive therapy and the emotional disorders”. En “Vencer la depresión”. Op. Cit.
[3] Op. Cit.
[4] El anterior texto está transcrito del libro citado anteriormente. (Pags, 73,74)
[5] Op. Cit.
[6] Op. Cit.
[7] Op. Cit.